Un juez dijo que el espionaje ilegal de la Base Zar se ejecutó en todo el país durante años

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La dura sentencia de Sebastián Casanello, el juez que sancionó a los exjefes de la Armada Argentina, advierte que la actividad ilegal ya venía desde la dictadura y que nunca había cesado. Y que es muy probable que esa fuerza haya destruido pruebas luego del primer allanamiento en nuestra provincia.Por Rolando Tobarez / Twitter: @rtobarez

No puede darse crédito a la versión que pinta un escenario de empleados infieles que, a más de 1.380 kilómetros de Buenos Aires, hacían y deshacían a su antojo, sin control alguno. Hay que dejar esto bien en claro porque en cuanto se cae el primer argumento de la distancia, la autonomía y el libre albedrío de los marinos del sur, empiezan a caer los que le siguen”.

Con este párrafo, el juez federal Sebastián Casanello consideró probado que el espionaje ilegal que se ejecutó en la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew no fue la mala idea aislada de un grupito de marineros sino una estrategia clandestina que la Armada Argentina desplegó en todo el país y durante años. Así se espió a periodistas, funcionarios, políticos y variedad de dirigentes sociales.

En dictadura

Pero aún: según el fallo que condenó a los exjefes de esa fuerza, Jorge Godoy y Benito Rótolo, “hay fuertes razones para suponer que fueron prácticas que se remontan a la dictadura, desplegadas de modo continuo”. La sentencia tiene más de 530 páginas. “Fue generalizado; no se trató de una actividad en solitario del personal de una base ubicada en la lejana Patagonia, sino una forma de proceder habitual y prolongada de todos los componentes de la fuerza”, escribió el magistrado. Casanello castigó a Godoy con dos de prisión en suspenso y a Rótolo, con un año y 8 meses. Ambos deberán asistir a un curso de 50 horas de Derechos Humanos y Constitucional.

Según su interpretación, “el flujo de mensajes hallados en el allanamiento en la Base Zar, circulados en forma vertical desde y hacia organismos superiores, descartan de cuajo la hipótesis de que se trató de una práctica aislada y excepcional de secciones o algún personal en particular (…) Los destinos donde los productos de inteligencia iban a parar demuestran que circulaba por todo el sistema”.

Todo en conjunto

El juez explicó que “una buena cantidad de mensajes con múltiples destinatarios se hallaron en ese primer allanamiento, lo cual da cuenta de una intercomunicación entre las secciones de inteligencia y con sus superiores”.

Según la evidencia, “un análisis serio de la documentación secuestrada en la sección de Inteligencia de la Fuerza Aeronaval 3 no puede menos que convencer de que en realidad las prácticas de inteligencia fueron realizadas no sólo por esa sección, sino por el sistema en su conjunto”.

Sin islas

“La hipótesis de que la Base Zar era en realidad `una isla´ pierde sustento rápidamente. Es cierto que no se halló luego del primer allanamiento gran cantidad de elementos en las restantes dependencias del sistema –registradas tardíamente-, más sólo a través de un razonamiento fracturado puede concluirse que nada sucedía fuera de Rawson o Trelew”.

Para el juez es muy probable que hayan existido documentos deliberadamente ocultados luego del allanamiento en Trelew. “Entre ese primer registro y los realizados luego hubo una diferencia de días, período de tiempo durante el cual razonablemente puede inferirse que las dependencias fueron purgadas de cualquier elemento incriminante”. El testigo Luis Sánchez contó que tras la explosiva revelación de Carlos Alegre, que reveló las prácticas prohibidas, “ordenaron quemar todo. Archivos y ficheros que yo ni sabía que existían”.

“No es lógico concebir que un componente de un aparato fuertemente burocratizado e imbuido de una estrictísima racionalidad formal –como lo es una fuerza armada-, pueda funcionar desenganchado del resto de la estructura”.

La práctica naval fue ilegal, habitual, reiterada en el tiempo y generalizada. “Reflejaban una norma implícita de la estructura de la Armada, algo no dicho formalmente pero respetado y obedecido: una suerte de costumbre”. Sólo si Godoy y Rótolo hubiesen sido dos extraños a esa estructura podría pensarse que no sabían nada. “Pero eran marinos de larguísima trayectoria en la fuerza y estaban al tanto”, consideró Casanello.

El juicio demostró que al menos parte de las Fuerzas Armadas “continuaron desarrollando sus actividades tal como antaño, arrastrando la arbitrariedad característica de su antiguo accionar y desplegando un legado de cultura autoritaria que por momentos penetra las instituciones de nuestro Estado pretendidamente democrático”.

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